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El mosaico en el que Constantino y Justiniano ofrecen la ciudad y la iglesia a la Virgen con el Niño.
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Historia completa de Santa Sofía: de 537 a hoy

Quince siglos en un solo edificio: Justiniano, la Cuarta Cruzada, Mehmed II, las décadas de museo y el recorrido de 2024.

Historia · Última revisión 6 de septiembre de 2026

La historia de Santa Sofía abarca casi quince siglos y refleja el poder, la fe y la identidad cambiantes de Constantinopla y luego de Estambul. Desde su espectacular construcción en el siglo VI hasta su papel actual como mezquita y gran destino de visita, se ha adaptado continuamente sin dejar de ser uno de los edificios más significativos del mundo.

Construcción y la era de Justiniano, 532–537

El edificio que hoy conocemos surgió de las cenizas de la violencia política. En enero de 532 los disturbios de Nika devastaron Constantinopla y destruyeron la iglesia anterior del solar, que a su vez había sustituido a una estructura del siglo IV. El emperador Justiniano I aprovechó la ocasión para crear un monumento que proclamara el poder y la piedad de su reinado.

Confió el proyecto a dos brillantes científicos y arquitectos, Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto. Las obras comenzaron casi de inmediato y avanzaron con extraordinaria rapidez. El 27 de diciembre de 537 se consagró la nueva iglesia. Se dice que Justiniano exclamó, al entrar en el edificio terminado: «Salomón, te he superado».

La escala no tenía precedentes. La cúpula central, de unos 31 metros de diámetro y a más de 55 metros del suelo, parecía flotar sobre la luz. Un sofisticado sistema de pechinas, semicúpulas y contrarrestos distribuía su inmenso peso. Durante casi mil años Santa Sofía siguió siendo la mayor catedral del mundo y la encarnación arquitectónica del Imperio bizantino en su apogeo.

La era bizantina, 537–1453

A lo largo de los siglos bizantinos Santa Sofía fue la catedral patriarcal de Constantinopla y el corazón ceremonial del imperio. Aquí se coronaba a los emperadores, se celebraban las grandes festividades religiosas y la liturgia se desplegaba bajo la gran cúpula como una exhibición cuidadosamente coreografiada del poder imperial y eclesiástico.

El edificio no permaneció inmóvil. Los terremotos provocaron derrumbes parciales de la cúpula en 558, 989 y 1346, seguidos cada vez de una reconstrucción que alteraba ligeramente su perfil. Durante el periodo iconoclasta de los siglos VIII y IX se destruyeron o cubrieron muchas imágenes figurativas; tras la restauración de los iconos en 843 se añadieron progresivamente nuevos mosaicos, entre ellos la imagen absidal de la Virgen con el Niño y retratos imperiales posteriores.

La Cuarta Cruzada trajo la catástrofe. En 1204 los cruzados latinos saquearon Constantinopla y convirtieron Santa Sofía en catedral católica romana. Se expoliaron muchos tesoros y el edificio sufrió abandono. Cuando el dominio bizantino se restauró en 1261 la iglesia volvió al uso ortodoxo, pero el imperio estaba ya muy debilitado. Pese a las reparaciones y a la belleza de sus mosaicos, Santa Sofía entró en los últimos siglos bizantinos como símbolo de una capital menguada pero aún orgullosa.

La era otomana, 1453–1934

El 29 de mayo de 1453 Constantinopla cayó ante las fuerzas otomanas del sultán Mehmed II. En pocos días el sultán ordenó convertir Santa Sofía en mezquita. Se retiró el mobiliario cristiano y se instaló un mihrab que indicaba la dirección de La Meca. Se erigió un minarete de madera y, en las décadas y siglos siguientes, sultanes posteriores añadieron minaretes de piedra, incluida la característica pareja construida por el gran arquitecto Mimar Sinan.

Santa Sofía se convirtió en la principal mezquita imperial de la capital otomana. Los sultanes asistían aquí a la oración del viernes y el edificio recibió capas sucesivas de decoración islámica. Con el tiempo se instalaron grandes medallones caligráficos con los nombres de Alá, del Profeta Mahoma y de los primeros califas. A mediados del siglo XIX, bajo el sultán Abdülmecid I, los hermanos suizo-italianos Fossati llevaron a cabo una gran restauración que reforzó la estructura, limpió los mosaicos —muchos de los cuales se volvieron a cubrir— y renovó la decoración interior.

Durante casi quinientos años Santa Sofía funcionó como mezquita viva en el centro de la vida religiosa y política otomana, conservando bajo su mobiliario islámico el esqueleto arquitectónico de la gran iglesia de Justiniano.

De la República al presente

Tras la fundación de la República de Turquía el estatus de Santa Sofía volvió a cambiar. En 1934 un decreto del Consejo de Ministros, asociado a las reformas secularizadoras de Mustafa Kemal Atatürk, convirtió el edificio en museo. Se levantaron las alfombras, se descubrieron y restauraron muchos mosaicos, y Santa Sofía se convirtió en un monumento abierto a visitantes de toda procedencia, celebrado como patrimonio compartido de la humanidad.

Esta etapa museística duró hasta 2020. En julio de ese año un decreto presidencial reconvirtió Santa Sofía en mezquita. El edificio volvió al culto musulmán activo sin dejar de estar abierto a visitantes fuera de las horas de oración. Desde 2024 se introdujo un sistema formal de entradas para turistas extranjeros: la galería superior pasó a ser el recorrido de visita señalizado con acceso de pago, mientras que la planta baja siguió siendo principalmente espacio de oración.

Hoy Santa Sofía es a la vez una mezquita en funcionamiento y uno de los lugares históricos más visitados de Estambul. Su arquitectura sigue proclamando la ambición de Justiniano, sus mosaicos conservan el legado artístico de Bizancio, y sus minaretes y caligrafías marcan siglos de uso otomano.

Un monumento vivo

La historia de Santa Sofía no es una simple sucesión de conversiones religiosas. Es la historia de una única estructura que ha absorbido continuamente nuevos significados sin perder su extraordinaria fuerza espacial. Desde la consagración de 537 hasta el ceremonial imperial bizantino, las oraciones del viernes otomanas, las décadas de museo del siglo XX y su actual doble papel, Santa Sofía ha seguido siendo un lugar donde la arquitectura, la fe y la historia se cruzan con inusual intensidad. Quien hoy está dentro se encuentra con todas esas capas a la vez.

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